Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe (Villanueva de los Castillejos)

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Esta iglesia comienza a construirse en el siglo XVIII, sobre las ruinas de la anterior parroquia, que resultó destruida tras el Terremoto de Lisboa. Sin embargo, la obra sufrió un largo periodo de inactividad, hasta que el en el siglo XIX se reactiva la obra, finalizándose en 1928.



Descripción

El templo quedó sin concluir, según el proyecto inicial. De las dos torres que debía contar, tan sólo se llegó a construir una espadaña o campanil, con tres huecos para las campanas, dos gemelas y, sobre ellas, una pequeña. Ya en épocas más cercana, años sesenta, y siendo párroco don Juan de la Corte García, el primitivo campanario o espadaña , fue sustituido por la torre actual, de magnífica factura y realizada toda ella en ladrillos vistos, con tres cuerpos y rematada por una pirámide con azulejería.

Como remate de esta torre, en el año 2.000, le fueron colocadas cuatro esferas con sus respectivos relojes. La Iglesia Parroquial de Castillejos, dedicada a la Purísima Concepción, es de estilo románico, de una sola nave de forma de cruz latina. Mide 50 metros de longitud, 20 de altura y 10 de ancho en su parte más estrecha y 25 en la más ancha, la parte del crucero. Se accede a su interior a través de una puerta principal y dos puertas laterales, una de ellas, la que está orientada hacia el levante, con escalinata.

El retablo mayor, inaugurado el 8 de Diciembre de 1.950, tiene 15 metros de alto por 12 de ancho. Es todo bañado en oro (unos 200 metros cuadrados de oro de 25 quilates) y tallado al estilo que el románico exige. El día de su inauguración, la Corporación Municipal acuerda colocar alumbrado extraordinario alrededor de la Iglesia durante los días 7 y 8 y ayudar con 2.000 pesetas al cura-párroco, don Juan de la Corte, “para que éste los invierta donde proceda”. A uno y otro lado del crucero se pueden contemplar otros dos retablos, ambos al estilo plateresco, uno dorado y policromado, dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, y por dorar el otro dedicado al Patrón de la villa, el Apóstol San Matías, colocado en el 1955.

El tabernáculo o sagrario es de plata tallada, invirtiéndose en él 25 kilos de dicho metal. Mide 1,500 metros de altura por 0,600 de anchura. Es de estilo románico.

El coro del presbiterio está dotado de 16 sitiales repartidos entre la parte de la Epístola y la del Evangelio. Están realizados en caoba, y en cada uno está representado el rostro de un apóstol y de los cuatro evangelistas tallados en cedro y oro policromados.

Entre las muy variadas y magníficas imágenes que se pueden admirar en este templo parroquial, merecen especial mención y atención un San Francisco de Asís, tallado casi con toda seguridad por Martínez Montañez; un San Juan Bautista, obra de La Roldana; un San Francisco de Paula, salido de la mano de Alonso Cano; un Señor Crucificado del siglo XVI y de autor desconocido; una Virgen del Rosario con la imagen del Niño tallada en la propia madera de la Madre...

Entre las obras pictóricas hemos de citar necesariamente un gran lienzo situado en la entrada, sobre el pórtico, de la capilla del Bautismo, y que representa la Coronación de Nuestra Señora por la Trinidad Beatísima, obra de gran gusto y valor que ha sido restaurada para gozar de su total belleza.

En la parte opuesta, podemos ver un monumental cuadro tallado a base de pequeñas esculturas representando a las Almas del Purgatorio.

Además de las citadas no podemos dejar de citar a las dos imágenes más representativas del templo: una, la preciosa imagen de la titular de la parroquia, la Pura e Inmaculada Concepción de María, adquirida por suscripción popular en el 1.937, y que reemplazó a la que había anteriormente, destruida tras los daños sufridos por la iglesia en Julio de 1.936; la otra, la del Patrono de la villa, el Apóstol San Matías, también dañada y reparada en la misma fecha con fondos municipales.

Y seguiríamos este recorrido artístico con imágenes como la del Niño Jesús situado en lo más alto del retablo mayor, la de la Virgen del Carmen, el Nazareno, la Dolorosa, Santa María de Piedras-Albas, Santiago Apóstol.... y otras de menor tamaño, hasta completar un surtido ramillete de preciosas obras escultóricas y pictóricas. Este templo es de tal belleza que todo el que al pasar por estas tierras lo visita, queda admirado de su grandiosidad; no en vano pasa por ser una de las iglesias más bonitas de nuestra provincia. Es por ello que los castillejeros podemos enorgullecernos y vanagloriarnos de poseer esta joya, y todo ello gracias al esfuerzo que, desde aquel fatídico 1.755, han venido derrochando generación tras generación de buenos castillejeros.

Como curiosidad final de este capítulo, citemos las cofradías religiosas que se encargaban de la organización de los actos litúrgicos en nuestra población.

Cofradías como la de la Santa Veracruz, de la Soledad de María Santísima, la del Rosario, de la Misericordia, de Piedras- Albas, Congregación Benéfico-Humanitaria de San Vicente de Paul, la de la Candelaria y, de seguro, la de San Matías.

En la actualidad están volviendo a revivir algunas de esas cofradías ( Padre Jesús y Virgen de los Dolores) y ha vuelto a resurgir la festividad de Semana Santa, algo que se había perdido por la proximidad de fechas entre esta semana litúrgica y la romería.


Historia

El terremoto que asoló a Villanueva de los Castillejos, allá por el 1755 (el mismo que destruyese gran parte de la ciudad de Lisboa) dejó a esta localidad sin sus dos principales monumentos: el Ayuntamiento y la Iglesia Parroquial, de la que sobrevivieron sólo algunos muros semiderruidos.

Por tal motivo a partir de aquella trágica fecha, se quedo Villanueva de los Castillejos sin un lugar apropiado para celebrar sus cultos religiosos, y, más aún, teniendo en cuenta la importancia que para la vida diaria tenía la religión en pasadas épocas.

Para suplir a la derruida edificación, y hasta que se pudiese construir un nuevo templo, se le dio la utilidad de templo a la Panera o Pósito del trigo (situado en la calle Arcos), lugar que, además de ser pequeño, no ayudaba a infundir entre los vecinos la fe.

Es por eso que desde la época del terremoto se buscasen los medios, económicos principalmente, para realizar una obra tan necesaria como era la construcción de la nueva iglesia, utilizando como base los restos de muros de la antigua.

En una carta fechada el 18 de Julio de 1818, y dirigida al Ilustrísimo Cabildo de la Santa Iglesia Catedral de Sevilla (a cuya diócesis pertenecía Castillejos), se leen unos párrafos en estos términos:


“...para manifestar la grande necesidad que habría de procurar activar, por cuantos medios fuesen posibles, la obra de la nueva iglesia (...)

(..) en atención a que si así no se hacía, “muy tarde tendría fin ésta y crecerían los males y perjuicios que se estaban experimentando con lo reducido del lugar donde se estaban celebrando los oficios”.

Y sobre este mismo tema, en otra carta de agosto de 1825 (contando por aquel entonces Castillejos con una población oscilante entre 3.000 y 4.000 almas), se pedía la continuación de la obra, leyéndose en una de sus partes:


“El Ayuntamiento y clero pusieron en movimiento todos los recursos capaces de acelerar la obra solicitada y por último al cabo de veinte años tuvieron la satisfacción de conseguir vinieran peritos al reconocimiento del templo; declarado inútil, ruinoso y pequeño, se mandó demoler sacando antes el órgano y otros efectos que pudiesen aprovecharse, y cuando era de esperar que tras esta medida se adoptaran todas las demás que se dirigían al fin deseado, se vio con dolor que pasaron otros diez años sin que se emprendiese la demolición y abertura de cimientos para la nueva iglesia, caminando desde entonces la obra con la misma celeridad, con la que se ha logrado que las paredes tengan en el día de hoy tres o cuatro varas de altura”.

En otro párrafo puede leerse:


“El granero del Pósito Real, edificio solamente capaz de 150 personas, está sirviendo de iglesia a un pueblo numeroso que se ve privado e imposibilitado de dar a su devoción y piedad todo el ejercicio de las virtudes en los diferentes actos de la religión, de suerte que puede asegurarse que en Castillejos sólo hay templo para los ministros del altar porque, en las festividades, ellos se bastan para llenarlo. Es verdad que no se oculta al Síndico que la revolución de los últimos años (el período constitucional) en que los impíos trataban de abatir por todos los medios la religión, la iglesia y sus ministros, han puesto un obstáculo insuperable a la rapidez de la obra; pero, señores, es necesario convencerse, y V.V.S.S. lo están muy bien, de que en grandes necesidades se deben tomar grandes providencias...”

Y así se iban sucediendo, a través de los tiempos, cartas y más cartas solicitando la tan ansiada continuación de las obra.

En otra carta, ésta del año 1826, se lee sobre el mismo asunto:

“ Sacado éste de los cimientos y elevado al estado de alberca hasta el año pasado de 1822, alguna que otra vez intentaron estos parroquianos redoblar sus esfuerzos con el piadoso objeto de que el templo podría acaso concluirse y servir, al menos, a sus primeras generaciones; pero desde aquella época en que se pararon los trabajos, se perdieron también las esperanzas y se juzga con fundamento que si no se aplican eficaces remedios extraordinarios, aquel lugar, demarcado y escogido para alabar a Dios y bendecirle, servirá, al fin, de albergue de animales y escondrijo a insectos inmundos. ¿Y no es esto, Señor, un poderoso motivo de sentimiento para este vecindario cuando ve que la festividad de los santos y misterios de nuestra Sacrosanta religión no se pueden solemnizar por más que los ministros del culto recomienden la reverencia y la devoción?...”

Llegamos al año 1883 y don Gaspar de Mora Gómez, Alcalde por aquel entonces, viendo que “la obra”, como vulgarmente ya se le venía conociendo ("va a durar más que la obra de Castillejos", rezaba un dicho muy popular), no tenía visos de continuarse, solicita al Arzobispo de Sevilla permiso para utilizar los muros de la empezada iglesia para situar en ellos la proyectada Plaza de Abastos, con el propósito de devolverlos en cuanto los parados trabajos de reconstrucción se reanudasen, y al fin de conservar aquellos muros monumentales (se dice que cabía un carro circulando por encima de ellos) y librarlos de la ruina que les amenazaba en manos de muchachos y usos pocos decentes. La solicitud sería aceptada y se concede el local para el uso propuesto en calidad de arriendo por un importe de “seis ducados anuales”.


Y en este estado o punto estaba la situación cuando el día 3 de febrero de 1928 se leía en el Ayuntamiento una comunicación del Cardenal Arzobispo de la Diócesis de Sevilla dirigida al Alcalde, don Francisco Martín Domínguez, en la que se anunciaba el proyecto de continuar las obras del templo parroquial para la ya cercana primavera; pero para ello era necesaria la demolición de un edificio adosado a la fachada desde 1.840 y que estorbaba a la ejecución de las proyectadas obras.

Enterada la Corporación, expresó su más inmenso júbilo por la feliz noticia (largamente esperada), reconociéndose unánimemente la labor llevada a cabo por el cura párroco don José Puyana Rodríguez,


“...quien con una inquebrantable fe y entusiasmo y con una perseverancia merecedora de toda encomio y gratitud por la sagrada y noble misión que se había propuesto, había conseguido la continuación de las obras del templo, colmando así los fervientes deseos del vecindario”.

En las fiestas del Carnaval de aquel año, la noticia de la reanudación sería uno de los temas tratados en las coplillas de las comparsa. Sirva como ejemplo estas estrofas de “Los murguistas toreros”:

Estos día ha circulado /por las calles de este pueblo,
el gran notición de obras/ para reparar el templo.
Estos sencillos vecinos/ el proyecto creen verdad,
y repletos de alegría/ lo festejan en Carnaval.
Y nosotros los murguistas,/ para su inspección verdad,
lo mandamos al Lazareto/ para su cura total.
Pues es muy triste, señores,/ que por un mero capricho,
al pueblo de Castillejos/ lo traigan fuera de quicio.


A raíz de esta fecha y hasta el comienzo de las obras, hubo de entablar el Ayuntamiento pleito con el poseedor del citado edificio comercial adosado en la fachada, dedicado a la venta de comestibles y numerado con los dígitos 2 y 3 de la Plaza de la Constitución (como así se llamaba la actual plaza de España), don Pablo Domínguez y Domínguez, para que en el término de los dos meses que faltaban procediese a la demolición y levantamiento de los escombros hasta dejar expedito el terreno de la vía pública que venía ocupando.

El citado don Pablo Domínguez, vecino de Olivenza, presentó recurso contra este acuerdo, solicitando la reposición o nulidad de mismo. El Ayuntamiento requiere entonces el dictamen de dos letrados para que emitiesen informe atendiendo a los antecedentes del asunto y asesorasen a la Corporación si procedía o no sostener el acuerdo. Tras el informe favorable, el Ayuntamiento sostiene en toda su integridad el acuerdo tomado y desestima el recurso presentado por don Pablo, el cual presentaría repetidos pleitos civiles contra la disposición municipal.

Así mismo el Ayuntamiento aprobó en octubre de aquel año ayudar a los gastos que ocasionaría el traslado de las imágenes y retablos, así como de las campanas desde la iglesia de la calle Arcos, a la nueva iglesia, así como para la construcción del altar mayor, en atención a que los gastos de construcción del nuevo templo, que pasarían de las 100.000 pesetas, eran de cuenta del Arzobispado.

Y así, llegamos al 24 de agosto del año 1929, terminadas ya las obras del nuevo y magnífico templo parroquial en el corto período de diez meses, gracias a la gran magnificencia y celo religioso del Cardenal doctor Eustaquio Ilundaim, Arzobispo de Sevilla.

Prevista la inauguración, la Comisión Municipal Permanente acuerda:


1.- Nombrar hijo adoptivo de esta localidad a nuestro ilustre prelado por la gran merced espiritual y material que, tan gratuitamente y con tanta generosidad, ha otorgado a esta villa con la conclusión del templo... 2.- Rotular con el nombre de Cardenal Ilundaim la calle Sagasta (Mesones en la actualidad) a la que da una de las tres fachadas del templo, para perpetuar en los labios de todos el ilustre apellido de nuestro bienhechor... 3.- Colocar en el frontispicio de la fachada principal una artística lápida que conmemore la historia de la fundación del edificio, paralizaciones que sufrió y su conclusión, para feliz memoria de la presente y futuras generaciones...

La inauguración tendría lugar el día 4 de septiembre del mismo año, celebrándose a tal fin numerosos actos festivos, costeándose una orquesta y cantores de Huelva que actuaron en la Misa de la inauguración y además ofrecieron un concierto público, sirviéndose en la Casa Capitular un refresco a los componentes de la Corporación y demás autoridades locales, al señor Arcipreste del Partido que bendijo el templo, al clero que le acompañó y “a los vecinos de mayor significación”.

El mismo Cardenal Ilundaim anuncia su visita a la villa para el 3 de Diciembre, preparándosele un esmerado recibimiento y acordándose levantar arcos de flores en las calles del recorrido y actuación de la Banda de Cornetas y Tambores de la localidad, titulada “Batallón Infantil”, que habrían de recibirlo a los acordes de la Marcha Real, obsequio de un refresco en la Casa Capitular, así como de la tradicional y típica danza “Los Cirochos”, acompañada de la flauta y el tamboril y el lanzamiento de cohetes. También se toma el acuerdo de descubrir en su presencia el rótulo de “Cardenal Ilundaim” que se había de colocar en la entonces llamada calle Sagasta.

El ya desaparecido Diario de Huelva, en su número 6.516, del miércoles 18 de diciembre de aquel año, reproduce una carta firmada por “un castillejero” y en la que bajo el título “Visita pastoral a Villanueva de los Castillejos. El nuevo templo. Homenaje de gratitud al cardenal Ilundaim”, narra fielmente el sentido y brillante acto habido con motivo de la visita del prelado, y en el que hace además un detallado, aunque breve, estudio sobre las dificultades habidas hasta la feliz culminación de las obras, las cuales, según dicho artículo, se elevaron a unas 125.000 pesetas, empezando en Octubre de 1.928 y concluyéndose en el plazo ya indicado de diez meses. En aquel artículo se leen estas líneas:

{{documento| Allá por el año [1789|1.789]] empezóse a construir en la [[ plaza de la Constitución de esta villa, con fachadas laterales a otras calles, y completamente aislado de toda otra edificación, un magnífico templo católico, costeado por el tesoro Diocesano, sobre el solar del que por ruinoso había sido demolido; pero como los gastos eran tan cuantiosos, y el erario de la diócesis no podía sufragarlos con normalidad, hubo de sufrir diversas paralizaciones temporales tan dispendiosa obra durante los veintidós años que mediaron desde 1789 hasta 1.811, en que con motivo de la gloriosa guerra de la Independencia, quedó definitivamente paralizada por agotamiento en la defensa nacional de cuantos elementos de ingreso tenían el Estado, el Clero y los Municipios.

Ciento cuarenta años han transcurrido desde que se colocó la primera piedra del nuevo templo, durante cuyo lapso de tiempo secular han estado verificándose los Divinos Oficios en un desmantelado almacén, que fuera Casa de Diezmos de la Iglesia, habilitado provisionalmente en aquella época para templo parroquial en tanto se construía el nuevo.

Por fin, en el año 1.922, perdida ya toda esperanza, y con motivo de la Santa Visita Pastoral que el actual dignísimo Cardenal Arzobispo de Sevilla, doctor don Eustaquio Ilundaim, hizo a esta villa, extrañando la humildad, pobreza e insuficiencia del modesto edificio habilitado para iglesia, concibió espontáneamente el pensamiento de terminar la edificación de tan magnífico templo, ofreciendo “motu propio” a las autoridades locales, que en aquel acto le acompañaban, hacer el máximo esfuerzo que el Erario de la Diócesis permitiera para concluir la obra.

Y no fue su promesa hija de pasajera impresión entusiástica del momento, que pudieran borrar el tiempo y distancia, sino que insistiendo en ella y alimentando año tras año su loable propósito, logró al fin allegar los suficientes elementos pecuniarios en cantidad de 125.000 pesetas, con las que en Octubre de 1928 se dio principio a las obras de prosecución del edificio, que duraron diez meses, quedando en Agosto del presente año terminado el templo, resultando de tan extraordinaria magnificencia y grandiosidad, que nuestro pueblo se honra y vanagloria de poseer tan suntuosa iglesia, que sin duda es una de las mejores de la Archidiócesis.

A la una de la tarde del domingo día primero del actual, llegó el Eminentísimo Cardenal Arzobispo en automóvil, precedido de otro que ocupaban el señor Arcipreste del Partido, don Manuel Gómez Barba, párroco de El Almendro, y el de San Bartolomé de la Torre, don Félix Galindo Moreno. Los recibieron el Ayuntamiento en pleno, el Juzgado, el señor cura párroco, don José Puyana, la Guardia Civil, los maestros y maestras con los niños y niñas de las cuatro escuelas y pueblo en masa, al pie del arco que a la entrada de la |plaza de la Constitución le tenía erigido el Ayuntamiento con la inscripción «Castillejos a su Prelado», pasando antes por el que le había levantado la Congregación de Hijas de María, con rótulo alusivo al acto.

Repicaban las campanas de la iglesia y del reloj de la Casa Capitular, cuyos balcones lucían ricas colgaduras con el rótulo «Viva el Cardenal Ilundaim», ondeando en el central la bandera nacional.

Las puertas y balcones de las dos calles del recorrido estaban adornadas con vistosas colgaduras; se dispararon multitud de cohetes y comenzó la tradicional danza, cuyos ejecutantes iban vestidos con sus típicos trajes de remota época, amenizada por el clásico tamboril con su gaita, lo que fue de sumo agrado de su Eminencia que recordará con la natural emoción las célebres danzas de su tierra natal, la ínclita e inmortal Navarra. Fue la acogida tan cariñosa, entusiasta y espontánea por parte de las autoridades y del pueblo todo, sin la tirantez protocolaria que suelen reinar es casos como éste, y tan repetidos los vivas y manifestaciones de júbilo de todos los presentes, que S.E., con gran emoción, dijo textualmente a la primera autoridad local: «Señor Alcalde, no merezco tanto, no merezco tanto».

A las diez de la mañana del siguiente día dos, regresó a esta villa, siendo recibido por las autoridades, clero y pueblo a la puerta del nuevo templo, a toque de la Marcha Real por las cornetas y tambores del Batallón Infantil y con la típica danza del día anterior, con profusión de vivas espontáneos del pueblo, saliendo a recibirlo el señor Cura-Párroco, revestido de capa pluvial, quien le dio a besar el Crucifijo y entrando en el Templo bajo palio, cuyas varas conducían las autoridades locales, a los acordes de la Marcha Real, tocada por el organista de la parroquia. Subió después al púlpito, de capa pluvial, mitra y báculo, y dirigiendo la palabra a los fieles, después de explicado el objeto de la santa visita, expresó con frases vivas y elocuentes aquella satisfacción que se reflejó en su rostro cuando penetró en el templo y exhortó al pueblo a que agradeciera a la Divina Providencia el gran favor que por su mediación le había concedido con la conclusión de uno de los mejores templos de su Archidiócesis (frases textuales), y a que asistiera a él con asiduidad en todos los actos que el culto requiere y especialmente a la recepción de los Santos Sacramentos.

Practicada la santa visita y administrado el Sacramento de la Confirmación a más de 400 fieles, pasó acompañado de las autoridades a la Casa Capitular, ocupando el sitio presidencial, y en seguida, el señor Alcalde leyó un elocuente discurso alusivo al acto y al sincero agradecimiento de la Corporación Municipal y del pueblo por el gran beneficio moral y material recibido de S.E. con la conclusión del templo, realizando así el dorado sueño y el feliz ideal religioso de nuestros progenitores, y el anhelo constante de la generación presente; y seguidamente el Secretario del Ayuntamiento dio lectura del acta capitular del 24 de agosto último, que contiene los acuerdos siguientes:

Primero.- Nombrar hijo adoptivo de esta localidad a nuestro ilustre prelado.
Segundo.- Rotular con el nombre de Cardenal Ilundaim una de las calle que rodean al templo, y
Tercero.- Colocar en la fachada principal del mismo una artística lápida que conmemore la historia de la fundación del edificio, paralizaciones que sufrió y fecha de su conclusión por S.E.


Acto seguido, el Sr. Alcalde le entregó copia autorizada de dichos acuerdos y le anunció que en breve le serían repetidos en artístico pergamino que se halla en confección; y S.E., con sentidas y elocuentes frases, contestó al discurso del Sr. Alcalde, agradeciendo a la Corporación el homenaje de que le hacía objeto y expresando a que aun como prelado ya le ligaban a este pueblo los lazos propios de la paternidad espiritual, serían más estrechos aún desde aquel momento, por su nueva calidad de hijo adoptivo de la población.

Concluido este acto, y después de obsequiados los concurrentes con las pastas y bebidas generosas que estaban dispuestas, marchó seguido de todos a la entrada de la calle Sagasta, donde estaba colocado y cubierto con la bandera nacional el nombre de «CARDENAL ILUNDAIM», siendo descorrido el velo por el Sr. Alcalde, y a las aclamaciones de “Viva nuestro ilustre prelado”, contestó S.E. con un Viva Villanueva de los Castillejos, siendo con ello indescriptible el júbilo de todos los presentes, y marchando con todo el acompañamiento a la casa del Sr. Cura-Párroco, donde almorzó, dignándose sentar a su mesa a las autoridades locales, al Secretario del Ayuntamiento y al culto abogado de Huelva, don Manuel Hidalgo Machado que con su acreditada pericia jurídica defiende al Municipio en el pleito que atrás se ha hecho mención.

Tal ha sido el homenaje que el pueblo de Villanueva de los Castillejos ha hecho al dignísimo prelado, como débil prueba del singular agradecimiento que siente hacia tan ilustre personalidad que supo, con abnegación encomiable, interpretar el anhelo popular de tres generaciones de castillejenses, trasladando la "Casa de Dios" desde su humilde edificio al soberbio y grandioso templo que nuestros mayores empezaron y que logró terminar S.E., al cabo de 140 años, inspirado en su inconmensurable anhelo de cooperar al mayor esplendor y magnificencia de nuestra Sacrosanta Religión}}.

En el mes de Enero se le haría entrega al cardenal Ilundaim del citado pergamino, pintado al óleo por el Maestro Nacional de El Almendro, don José Moreno Andrade, y provisto de un hermoso marco de nogal tallado, con su cristal en el que se expresaba el “Título de Hijo Adoptivo”.

En la sesión del 25 de Enero se acuerda conceder


«un sincero voto de gracia al Sr. Moreno Andrade por su altruismo y delicadeza, juntamente con el gran empeño y entusiasmo con que había ejecutado tan artístico trabajo»

Pocos días después, el 14 de febrero, se recibía un retrato del Cardenal enviado por éste al Ayuntamiento con gratitud por el antedicho nombramiento.

Contaba Castillejos por aquel entonces con una población de 3.204 habitantes.

El templo quedó sin concluir, según el proyecto inicial. De las dos torres que debía contar, tan sólo se llegó a construir una espadaña o campanil, con tres huecos para las campanas, dos gemelas y, sobre ellas, una pequeña. Ya en épocas más cercana, años sesenta, y siendo párroco don Juan de la Corte García, el primitivo campanario o espadaña , fue sustituido por la torre actual, de magnífica factura y realizada toda ella en ladrillos vistos, con tres cuerpos y rematada por una pirámide con azulejería.

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