Iglesia de Nuestra Señora de la Estrella (Chucena)

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Categoría:obra religiosa

La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Estrella es un templo cuya fundación data del siglo XII, que posteriormente fue reconstruida. Su aspecto actual se debe al último tercio del siglo XVIII, a la ampliación realizada por Diego Antonio Díaz.

Su planta de cruz latina mide 30.50 metros de largo por 8.40 de ancho.


Descripción

Vista de la iglesia de Nuestra Señora de la Estrella

En el año 1722, el Cabildo Catedralicio de Sevilla decide ampliar la antigua parroquia, encargándole los planos al arquitecto diocesano D. Diego Antonio Díaz. Las obras las realizará el maestro alarife de Sevilla D. Andrés de Silva. Años más tarde 1772, a petición del Ayuntamiento de Chucena, argumentando el aumento de la población, el maestro mayor de obras del arzobispado D. José Álvarez realiza los planos para la ampliación definitiva, que, ante el mal estado del edificio, es autorizado al año siguiente para proceder a la demolición y nueva edificación de la nave del templo (González Gómes; Carrasco Terriza, 1999)

Cuenta la iglesia en su interior con una importante muestra de arte religioso, que pudo conservarse pese a los avatares de la pasada Guerra Civil de todos conocidos. Preside el templo el impresionante retablo barroco, de 10.50 metros de altura por 8.40 de ancho, de 1788; obra que realizó Julián Gimenes, quien fechó y firmó en el muro posterior dedicándole este retablo a la patrona de Chucena con un contundente "soi de maría santísima de la estrella", escrito en un lateral de medallón superior; ambas inscripciones fueron descubiertas durante los últimos trabajos de consolidación y restauración llevados a cabo en el mismo por el sevillano Taller de Dueñas, en 1993.

El retablo

Retablo mayor

Es todo el retablo alegórico a la figura de la Virgen, donde en tres calles, la principal de más anchura, divididas por cuatro columnas estípites, por entre rocallas y profusa decoración típicamente dieciochesca, sobresalen los medallones en relieve de pasajes bíblicos, como la Anunciación y la Visitacion; a ambos lados, las imágenes de San Pedro y San Pablo; sobre ellos, los medallones de los Santos Doctores Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura, según los identifica D. Juan Miguel González Gómez y D. Manuel Jesús Carrasco Terriza, en Catálogo monumental de la provincia de Huelva, 1999; Sánchez Franco ofrece la posibilidad de que no se trate de San Buenaventura, uno de ellos, sino más bien San Ireneo y el Padre Jacinto identifica estos medallones con los Santos Obispos Sevillanos San Leandro y San Isidoro, junto a ellos, la Santas Patronas de Sevilla, Santa Justa y Santa Rufina, también en medallón de relieve; y, en el ángulo superior, las imágenes de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María. Queda rematado el conjunto con el majestuoso medallón que representa la Asunción de María, coronado por la estrella de ocho puntas.

En la calle central, aparecen dos manifestadores, uno bajo, encima del sagrario, y otro alto, utilizado pra las solemnidades del Santísimo, que debió ocupar un Niño Jesús Itinerante, conocido también como San Rafael Niño, que se encuentra en la sacristía; en su lugar se ha colocado un Crucificado renacentista, del segundo tercio del siglo XVI. Entre estos manifestadores, se abre el camarín que ocupa Nuestra Señora de la Estrella, imagen de candelero para vestir, obra anónima de finales del siglo XVI, de influencias sevillanas.

La bóveda de la cabecera y el arco se hallan decorados con frescos de finales del siglo XVIII, representando a Santa Teresa de Jesús, San Francisco de Paula, San Juan Bautista, San Juan Evangelista, San Antonio Abad y Santa Rita, atribuidos a Juan de Espinal.

La imagen de la Virgen

Virgen de la Estrella

La imagen de la patrona contaba ya en el año 1597 con una Cofradía que velaba por su culto, y mantenía un Hospital, aún cuando hasta 1977 no se crea la Hermandad Sacramental de Ntra. Sra. de la Estrella, confirmándose su Patronazgo sobre este pueblo en 1980 por su Santidad Juan Pablo II. Fue restaurada en 1919 como consta por un retablo cerámico conmemorativo del hecho en la Plaza de la Iglesia, en la fachada de la llamada antiguamente Casa Condal; de nuevo, en 1942, se restauró con la colaboración de Sebastián Santos Rojas, y la última intervención tuvo lugar en 1990, a cargo del Colectivo Isbilia, en Sevilla (González Gómez y Carrasco Terriza 1981: 358 y 1999: 218).


Como en otros muchos pueblos andaluces, se cuenta la historia de la aparición de la Virgen; pero, en Chucena, esta leyenda tiene dos vertientes.

La primera, recogida por José Alonso Morgado, en 1884, que nos relata que, tras la Reconquista, los primeros pobladores de Chucena observaron unos destellos de luz que salían de una arboleda, que ocuparía lo que es hoy la iglesia; varios pastores se adentran en ella, descrubriendo una talla de la Virgen sobre el tronco de un árbol. Avisados los vecinos, acuerdan elegir en aquel sitio una capilla para esta imagen, llamándola "de la estrella", por aquel resplandor que anunciara su presencia y su posterior hallazgo, y celebrar su fiesta el día de la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos (González Gómez y Carrasco Terriza 1981: 357-8).

Por otro lado estaría la versión que Fray Jacinto de Chucena recogiera en su Apuntes, quien sitúa esta leyenda más tarde, en el primer cuarto del siglo XVII: unos trabajadores vuelven del campo y observan una estrella sobre la copa de una encina, al dirigirse a ella, desaparece; ya de noche, un pastorcillo sordomudo, que por allí pasaba, la vio, y, acercándose, halló una imagen de la Virgen que llevó a su casa. Tras recoger el ganado, volvió y la imagen ya no estaba, regresó a donde la encontrara y allí se produce el milagro de la aparición efectiva de la Virgen María, que lo cura de su mal. Corre el pastor hasta la vecina Alcalá de la Alameda donde cuenta lo ocurrido ante la sorpresa de todos, que acuden al lugar, recogen la imagen y acuerdan levantar allí una iglesia en su honor; y, en este punto según su teoría, estaría el origen de Chucena como pueblo. Como se puede apreciar, este relato, pese a su piadosa belleza, llega a alterar el curso de la historia, ya que tanto Chucena como Alcalá de la Alameda existían como tales cuando el rey Fernando III reconquista el valle del Guadalquivir en el siglo XIII.


Reformas del siglo XX

Hacia el año 1973, siendo párroco D. Jesús Alcudia y Medrán, se realizó en el edificio una importante reforma en las techumbres, que se encontraban en pésimo estado, bajo la dirección del arquitecto D.Ricardo Anadón Frutos y como maestre de obras a D. Manuel Gutiérrez León. Esta obra sustituyó la estructura antigua de madera por una armazón nuevo de hierro, por ello presenta exteriormente dos vuelos de canales a distinta altura, el más bajo se corresponde con el original, y el superior pertenece a la nueva construcción. Las reformas supusieron, además, una profunda transformación de sus espacios interiores y la reordenación de su tesoro artístico: desaparecieron las gradas del presbiterio para facilitar el ensanche de éste, varios altares de diverso valor fueron suprimidos, se abrieron dos nuevos huecos de puerta para comunicar la iglesia con el salón parroquial y la sacristía, a donde fue trasladada la pila bautismal; el púlpito con su escalera y guardavoces fue retirado, el cancel original se cambió por uno nuevo, cambiando su ubicación primera, y la maltrecha solería original fue sustituida, desapareciendo varias lápidas de enterramiento, completamente ilegibles, entre ellas la de D. Miguel Sánchez López, cura de Chucena entre 1759 y 1775, que fuera notable miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras (De Lara Ródenas, José Manuel 1999, cpat. 35, pág 556- 560). hoy en día resultaría muy difícil que estos hechos se repitieran, pero en aquellos años, con criterios bien distintos, se hizo con la mejor de las intenciones, pese a ello la iglesia sigue conservando su sobria belleza renacentista. Se conservan en su interior varios lienzos: un Nazareno portando la Cruz, los Desposorios Místicos de Santa Catalina, un San Francisco y una Divina Pastora, adquiridos por Fran Jacinto, en Córdoba; tres representaciones de la Inmaculada Concepción, y una Virgen con Niño, todos ellos de los siglos XVII, XVIII, y XIX. Pero el que más llama la atención es, sin dudas, el cuadro de las Ánimas, que representa al arcángel San Miguel sacando las almas del Purgatorio, donde, en la parte baja, aparecen rostros que bien pudieran ser retratos, y, en la parte alta, Jesús aparece entre un coro de santos y de ángeles; es obra anónima de finales del siglo XVIII, que, en 1985 restaurara D. Mario Díaz (Gonzáles Gómez y Carrasco Terriza 1981: 220).


Capillas

Existen dos capillas anexas, junto al cancel nuevo realizado en 1975 por el carpintero local D. José Polo Mejías, en una de ellas está expuesto el Simpecado de la Hermandad del Rocío de Chucena, fundada en 1990 y erigida canónicamente en 1994, haciendo su primer camino amadrinada por la Hermandad de Pilas. Se da la circunstancia de que este Hermandad, que ostenta el número 91 entre las filiales de Almonte, pese a no ser reconocida como tal hasta 1994, tuvo su Simpecado presente en los Congresos Mariano y Mariológico celebrados en Huelva en 1992, así como en la histórica visita que el Pontífice Juan Pablo II realizara a la aldea del Rocío, en 1993, recibiendo la bendición de su Santidad.

En la otra Capilla, sobre una mesa de altar fechada en 1783, se encuentran las imágenes del Stmo, Cristo de Burgos y Ntra. Sra. de los Dolores, titulares de la Hermandad de Penitencia de la localidad, constituida en 1954. El Cristo de Burgos es una talla del siglo XVI, conocido popularmente como "el cristo de las enagüillas" por el típico faldón de corte gótico que presenta a modo de paño de pureza, a semejanza de su homónimo de la catedral castellana, fue la única imagen que no pudo ser desalojada de la Iglesia en los sucesos previos a la Guerra Civil en 1936; por ello, muchos chuceneros lo consideran el salvador del templo, ya que por su intercesión no fue saqueado ni quemado, cuando lo habian sido los de los pueblos vecinos. La imagen está atribuida, sin confirmar, a Juan Bautista Vázquez el Viejo, la cruz arbórea que los sustenta es de 1978 y se debe al gran imaginero ayamontino D. Antonio León Ortega, y el faldón fue restaurado en Sevilla, en 1989, por D. Juan Abastal Fuentes.


Bienes muebles

La imagen de la Virgen de los Dolores, obra anónima sevillana del siglo XVI, se corresponde con la primitiva titular del templo de Alcalá de la Alameda, por ello muchos la conocen todavía por “la Pureza Vieja”. Recordemos que la iglesia de Alcalá de la Alameda estaba dedicada, al menos desde el siglo XV o XVI a la Inmaculada Concepción, no estableciéndose esta festividad como tal hasta 1476, aunque habrá que esperar a 1854 para que el Papa Pío IX proclame solemnemente este dogma. Y en Sevilla, bandera del movimiento concepcionista, no fue hasta 1615 cuando la Hermandad del Silencio se convirtiera en la primera cofradía de penitencia que hizo “ voto de sangre” en defensa del ministerio de la Inmaculada Concepción.

Pende del techo de esta Capilla la antigua araña que presidía la bóveda del crucero que, donada a principios de siglo por D. Fernando Vaz León, fuer retirada durante las obras que en 1973 se realizaron el e templo. Años más tarde, en 1988, Dª Manuela Rodríguez Ortiz, heredera del señor antes citado, volvió a ofrecerla a la parroquia, siendo restaurada por la Junta de Gobierno de la Hermandad y colocada al año siguiente. En su nueva ubicación en una Capilla reducidad y de techo semiabovedado, resulta difícil apreciar su magnitud, ya que sus medidas reales son 1,60 metros de altura por 1,10 de anchura, con unas 1.500 piezas aproximadamente en su composición.


A ambos lados de la puerta principal, se encuentran, sobre ménsulas, las imágenes de San Sebastián y San Ginés, conocido éste último como “ el Santo de las cocas”, por la postura de su mano derecha, ambas datan del siglo XVI. Varios altares jalonan la nave central, el que preside la imagen de San Antonio (siglo XVI), fechado en 1740, que acoge también las tallas de San Juan Nepomuceno (siglo XVIII) y San Nicolás de Bari (siglo XVI), y que remata con una imagen en barro de la Patrona de Sevilla, Ntra. Sra. de los Reyes. El altar del Sagrario (siglo XVIII) está presidido por un Sagrado Corazón de Jesús, de 1922, fecha que coincide con la restauración de este retablo a manos de D. Francisco Ruiz Rodríguez; el sagrario es de plata, de 1957, a ambos lados, se encuentran dos figuras del Niño Jesús, una de ellas atribuida al círculo de Martínez Montañés y la otra, de más tosca ejecución, sin autoría definida (González Gomez y Carrasco Terriza 1981: 217).

Virgen del Rosario

En el otro lado del presbiterio, se encuentra la bellísima talla de la Virgen del Rosario (siglo XVI), de rica policromía y estofado; atribuida tanto a Herrera el Viejo como a Juan Bautista Vázquez, ambos datos sin confirmar. Fue restaurada en 1980 por Geronés Vallés. Le acompañan en su altar las imágenes de Santo Domingo de Guzmán y San Francisco de Asís, ambas del siglo XVIII, y la talla de San Agustín (siglo XVI), que corona el pequeño retablo.


Sobre ménsulas, como hemos citado en la reordenación, aparecen dos impresionantes bustos, de conmovedor realismo, atribuidos a la escuela granadina del siglo XVIII: (representada por Mora, Risueño y Ruíz del Peral) un Ecce Homo, al que se le solían hacer rogativas para la lluvia, y una Soledad, que figuraría en la Exposición “Mater Dolorosa” que en Sevilla organizó la Caja de Ahorros San Fernando, en 1988, y que sirvió para el cartel anunciador de la misma (Tobaja Villegas, Manuel. Obra Cultural, Caja San Fernando, 1988).

Existen también otras imágenes sobre repisas; un San José con el Niño en brazos (siglo XVIII), de rica policromía y una Inmaculada Concepción más moderna, de corte valenciano. En el salón Parroquial, anexo a la iglesia, se pueden admirar varios lienzos traídos de la Iglesia de Alcalá, una Santísima Trinidad, un San José con Niño, y un San Arcadio (siglo XVII o XVIII), una cajonera de caoba del siglo XVIII y un crucificado gótico, de brazos articulados, del segundo tercio del siglo XVI, utilizado para las representaciones de la Pasión en la Parroquia, y que fuera antiguamente procesionado, con anterioridad a la creación de la Hermandad de Penitencia antes citada. Quedan otras imágenes, de diverso valor, que, por cuestiones de espacio, desde 1973, se hallan en calidad de depósitos en algunos domicilios particulares.

En la sacristía se guardan diversos objetos de orfebrería religiosa, entre ellos un cáliz de plata sobredorada y unas crismeras del siglo XVI, un ostensorio de plata del siglo XVII, dos cálices más del siglo XVIII, dos copones, uno del siglo XVIII y otro del XIX, y una cruz Parroquial del siglo XVII con dos cristales a juego, de reciente adquisición (Solís Cobos – Lancho Díaz 1999).



Localización

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Galería de imágenes y vídeos


Bibliografía

  • Fray Jacinto de Chucena: Apuntes históricos de la Villa de Chucena, Córdoba, 1958
  • González Gómes, Juan Miguel y Carrasco Terriza, Manuel Jesús: Escultura mariana onubense, Huelva 1981
  • González Gómes, Juan Miguel y Carrasco Terriza, Manuel Jesús: Catálogo monumental de la provincia de Huelva, Huelva, Universidad de Huelva, 1999
  • López Martínez, Nicolás. El Stmo. Cristo de Burgos. Ediciones Aldecoa, Burgos, 1997
  • Revista cultural de Chucena, Ayuntamiento de Chucena
  • Solís Cobos, Manuel- Lancho Díaz, Antonio (1999), Inventario parroquial de chucena, chucena.

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